Reflexiones breves para pensar, sentir y comunicar

Foto de Lina Trochez en Unsplash

Debes, debes, debes…

Debes compartir… Los buenos ciudadanos deben ser solidarios… Es nuestra obligación ser bondadosos…

¿Te suenan estos mensajes?

En el telar de la vida humana, nos encontramos entre dos fuerzas poderosas: la necesidad innata de contribuir y dar, y el anhelo profundo de autonomía y libertad. Estos elementos son esenciales para nuestro bienestar emocional y psicológico, pero en ocasiones, parecen estar en conflicto. Digo “parecen estar en conflicto” porque en CNV proponemos que las necesidades nunca están en conflicto.

Lo que está en conflicto es nuestra manera de satisfacerlas o de priorizarlas: todos tenemos la necesidad de descanso y todos tenemos la necesidad de movimiento, pero no tenemos la misma manera de cubrirla. Cada uno tiene su preferencia. Quizá a mí me guste cubrir mi necesidad de movimiento corriendo y a ti andando o bailando. Quizá hoy te apetece mucho salir y dar un paseo y hoy a mí me apetece quedarme en casa, dormitar, comer y volver a dormitar… Tú y yo tenemos necesidad de descanso y de movimiento en general, pero hoy las priorizamos de manera diferente.

Volvamos con el tema de hoy que gira alrededor de nuestra necesidad de contribuir, por un lado, y las de libertad y autonomía, por otro.

Nuestra inclinación por dar y contribuir surge de nuestra naturaleza social y de nuestro anhelo de conexión.

Sin embargo, esta tendencia se entrelaza con el deseo igualmente poderoso de autonomía y libertad individual y, en ocasiones, acabamos experimentando un conflicto intenso dentro de nosotros con relación a si damos o no y de qué manera.

En un mundo donde a menudo se nos enseña a contribuir desde la obligación, el impulso de autonomía surge con fuerza dentro de nosotros y, para resolver el conflicto que experimentamos entre estas dos fuerzas, terminamos o insensibilizándonos a nuestro impulso a dar, o insensibilizándonos a nuestro impulso de libertad y autonomía.

Así nacen dos polaridades que veo igual de pobres: por un lado, el espíritu de sacrificio y abnegación y, al otro extremo, el egoísmo y egocentrismo tan propio de nuestra sociedad actual.

Muchos de nosotros hemos sido educados en sistemas que enfatizan la obligación sobre la elección, generando una desconexión entre lo que se espera de nosotros y lo que realmente deseamos aportar. Aquí nace el ensalzamiento al espíritu de sacrificio, cosa que veo, como digo, no del todo enriquecedora.

El sacrificio no es algo que sume y puede incluso ser perjudicial para la salud física y emocional.

Poner las necesidades de los demás delante de las propias es una de las características de las personas que sufren enfermedades crónicas, según el médico y autor Gabor Maté.

Por otro lado, en un entorno consumista donde se nos bombardea constantemente con mensajes que exaltan el éxito individual y la acumulación de bienes materiales como indicadores de valía, es comprensible que la balanza se incline hacia vivir la contribución y el dar como una amenaza al bienestar.

La Comunicación NoViolenta nos ofrece una brújula valiosa para encontrar un equilibrio sano entre la contribución y el dar, y la libertad y autonomía.

Al practicar la CNV podemos honrar nuestras necesidades de contribuir y de autonomía de una manera empática y auténtica.

Esto implica cultivar una comprensión más profunda de nuestras propias motivaciones y las de los demás. También implica expresar nuestras necesidades y deseos de manera clara y compasiva, y responder a las necesidades de los demás desde nuestra autenticidad y naturaleza empática y no desde un sentido de obligación impuesta por un sistema de dominación que te dice qué debes hacer y qué no.

Es importante reconocer que cada individuo tiene sus propias formas únicas de contribuir, y que estas contribuciones pueden surgir de la libertad y la elección consciente. Al fomentar un entorno que celebre la diversidad y la autenticidad, podemos crear comunidades más saludables y equitativas donde cada persona se sienta valorada y capacitada para contribuir de manera significativa.

En última instancia, encontrar un equilibrio entre la necesidad de contribuir y el deseo de autonomía nos permite construir una sociedad más vibrante y conectada.

Al integrar la CNV en nuestras vidas y comunidades, podemos navegar estos desafíos con compasión y empatía, creando un espacio para que florezcan la contribución genuina y la autonomía consciente. En este proceso, descubrimos que la verdadera contribución surge no de la obligación, sino de la elección consciente y la libertad de expresión y actuación.

Y eso trae un gran gozo.

 

Recuerda: La calidad de tu vida depende de la calidad de tus relaciones. La calidad de tus relaciones depende de la calidad de tu comunicación.

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