Reflexiones breves para pensar, sentir y comunicar

Participa en el Live gratuito el jueves 25 de enero. Regístrate AQUÍ

Foto de Lina Trochez en Unsplash

Nuestro niño interior y las relaciones íntimas

En ocasiones en mis formaciones hago un ejercicio que le llamo “Las cartas que me tocaron”. En él invito a las y los participantes a explorar las vivencias que tuvieron en su familia de origen, las positivas y enriquecedoras, y las que provocaron dolor en ellas y ellos.

En mi caso, tengo muchos recuerdos dulces en mi infancia. Momentos en los que experimenté amor, aceptación, apoyo, cariño y mucho más.

También soy consciente que hubo varios eventos traumáticos e, incluso, de lo que llamaría abuso: enfermedad y muerte de mi madre, castigos, amenazas, reglas rígidas… el alcoholismo de mi padre…

Muchas veces los eventos dolorosos nos impactan de tal manera que opacan los momentos dulces. Esto es una expresión natural de nuestro sistema nervioso y nuestro organismo: nuestra atención se va a donde nos duele y con frecuencia pasa por encima del bienestar que experimentamos.

Los recuerdos en los que vivimos rechazo, falta de comprensión, castigos, amenazas, abandono, soledad, etc., se quedan grabados en el sistema nervioso como señales de peligro.

Y, como estas heridas se crearon en nuestras relaciones más cercanas (padres, familia, escuela), estos recuerdos, casi siempre inconscientes, se “despiertan” en la cercanía, especialmente en las relaciones de pareja.

Al “despertase” estos recuerdos sentimos el dolor que hay detrás de ellos. Pero, como el recuerdo en sí es inconsciente, es fácil culpar a nuestra pareja de ese dolor que experimentamos. Y casi seguro que a nuestra pareja le pase lo mismo.

Y así surgen y se escalan los conflictos, muchas veces alrededor de cosas sin importancia; te veo como la causa de mi dolor, y tú me ves como la causa de tu dolor. Lo que más necesitamos en esos momentos en los que estamos experimentando dolor es comprensión y empatía, igual que nuestra pareja, pero, si lo que recibimos, y lo que expresamos, son actitudes defensivas, críticas, juicios, malas actitudes, etc., la escalada está garantizada.

El resultado es dolor, distancia, y, a menudo, desesperanza y decepción. Un conflicto amargo es el resultado del choque de dos personas con dolor.

Sanar nuestra relación con nuestro niño interior, esa parte de nosotros que se cierra ante la cercanía, que se esconde ante la intimidad, o que reacciona de manera que nos parece desproporcionada, es no solamente necesario, sino crucial, si queremos tener relaciones donde hay confianza, respeto, empatía, humor, juego, risas, intimidad…

La Comunicación NoViolenta es una herramienta poderosa para hacerlo.

¿Por qué? Porque el propósito de la CNV es ayudarnos a tener relaciones de calidad con todos, incluyendo nuestra relación con esa parte más tierna, sensible y vulnerable dentro de nosotros y nosotras, esa parte que teme la cercanía pero que la anhela, esa parte que nos llena de energía, entusiasmo y celebración, esa parte que lo que más necesita en momentos difíciles es comprensión.

¿Te gustaría profundizar en el tema?

Participa en el Live gratuito el jueves 25 de enero. Regístrate AQUÍ

Foto de Lina Trochez en Unsplash

Recuerda: La calidad de tu vida depende de la calidad de tus relaciones. La calidad de tus relaciones depende de la calidad de tu comunicación.