Reflexiones breves para pensar, sentir y comunicar

Foto de Lina Trochez en Unsplash

Porque lo digo yo

Hace unos días esperaba fuera de un restaurante a ser llamado para desayunar. Había bastante gente queriendo comer ahí así que nos pedían esperar fuera hasta que las mesas se fueran desocupando.

Entre las personas que esperábamos había una familia. La madre estaba con una hija de unos 7 años y un niño de dos o tres años. Al otro lado de la calle estaba el padre hablando por teléfono.

Creo que eran de los Estados Unidos pues hablaban inglés con acento americano.

El niño pequeño le dice a su madre, “Quiero ir con papá”. La madre le contesta “No”. “¿Por qué?”, pregunta el niño. “Porque lo digo yo”, le responde su madre.

Este tipo de respuesta es algo tan habitual que apenas se repara en ello. Pero esta vez, como tenía tiempo, me puse a reflexionar un poco sobre lo que acababa de presenciar.

Usar «porque yo lo digo» como la única explicación para pedir obediencia puede realmente complicar las cosas en la relación entre padres e hijos y en el desarrollo de los pequeños y las pequeñas.

Cuando los padres tiran de esa carta, los chicos no llegan a entender por qué deben seguir las reglas, algo importante para su desarrollo moral y cognitivo.

En este tipo de situaciones los niños muchas veces terminan haciendo lo que se les pide sólo porque sí, no porque realmente comprenden lo que es importante para sus padres o cómo les afecta esto a ellos mismos.

Con el tiempo, esto puede hacer que les cueste tomar sus propias decisiones, porque nunca tuvieron la oportunidad de conectar con las necesidades de los padres y las propias, y así poder elegir por cuenta propia desde su autenticidad y su deseo de contribución.

Además, esta manera de comunicar puede hacer que los niños vean a sus padres con menos confianza y respeto, ya que pueden tener la impresión que no los toman en serio o que no valoran su capacidad para entender y participar activamente en las decisiones familiares.

Es probable que la madre no sea muy consciente de las necesidades detrás de su “No”. ¿Quiere tener al niño cerca para sentirse segura que no va a cruzar la calle y de esa manera evitar que se ponga en peligro? ¿Quiere cuidar la tranquilidad del padre que está hablando por teléfono en la acera de enfrente? ¿Está cansada y le es más fácil cuidar del niño y su hermana si están cerca de ella?

Quizá la madre no tiene esta consciencia porque, como la mayoría de nosotros, se mueve por automatismos e impulsos, no gracias a su conexión consciente con sus necesidades.

Si la madre se tomara unos momentos para conectar con sus necesidades a la vez que pone foco en lo que se imagina que son las necesidades de su hijo, podría poner sobre la mesa lo que es importante para ella y lo que intuye que es importante para su hijo.

Si la madre conecta con sus necesidades y con las necesidades de su hijo, es más probable que su hijo la escuche y conecte con ella también. Esto aumenta la probabilidad de que el niño desarrolle una consciencia de “lo que es importante para mamá” y esté más dispuesto a actuar teniendo en cuenta las necesidades de la madre, siempre que tenga la confianza de que sus necesidades son también tenidas en cuenta por parte de su madre.

Esta es la base de las relaciones de calidad entre padres e hijos.

En Comunicación Noviolenta ponemos un gran énfasis en desarrollar esta consciencia de necesidades y en la capacidad para tomar decisiones y llevar a cabo acciones que tengan en cuenta las necesidades de todos.

Esta es la base para crear un mundo más empático y pacífico.

Recuerda: La calidad de tu vida depende de la calidad de tus relaciones. La calidad de tus relaciones depende de la calidad de tu comunicación.

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